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SALA DE MÁQUINAS

La Creación (III)

El día tercero 

Dijo Dios: “Reúnase en un solo lugar las aguas de abajo, y aparezca lo seco”; y así fue; a lo seco lo llamó Dios tierra y al cúmulo de aguas lo llamó mares. Y vio Dios que estaba bien. Dijo Dios: “Produzca la tierra verdura: plantas con semilla y árboles frutales que den a la tierra frutos conteniendo dentro una semilla de su especie”. Y así fue: produjo la tierra verdura: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que dan fruto conteniendo dentro semilla de su especie. Y vio Dios que estaba bien. Y entre tarde y mañana fue el día tercero”. (Gen. 1. 9-13). 

Así que dios ya tenía dos tableros. Dos lugares diferentes donde poder jugar dos partidas diferentes. Uno, al que bautizó dios cielo. Y otro, al que no bautizó. 

Del uno y del otro, separados desde la ira, surgieron dos nuevos espacios. Dos nuevos cosmos. Dos nuevas zonas. Dos nuevos tableros. Dos nuevos juegos dentro de un mismo juego.

Pero uno no era otro y otro no era uno, ni en concepto ni en número.  

Uno, el cielo, lo guardó dios celosamente alejado del otro, por si otro se lo arrebataba. Y uno se hizo cautivo. Y otro, laxo. Y del otro aconteció otro espacio. Otro juego, en el que dios dictó otras normas. Otras pautas. Otras leyes. Otras condiciones. Otras circunstancias. Otras medidas. Otras disposiciones. Otras reglas.  

Aunque esas otras reglas de esa otra zona requerían de otros turnos nuevos, suplicaban otras nuevas veces. Otras nuevas bazas. Otras nuevas tiradas. Otras nuevas manos. Por lo que, como él mismo dispuso el día primero, lanzó de nuevo los dados en otro turno nuevo.

Y esta vez dios, en una nueva tirada, arrojó los dados en el otro tablero. Y en esta mano sin ira, dios dividió, en dos partes semejantes, el otro tablero, el que estaba sin bautizar. Y de esta forma creó dios otras dos nuevas zonas de juego. A la más densa la llamó mares, y a la más parca, tierra.

Y en estas otras dos nuevas zonas surgieron otras zonas nuevas dentro de las propias zonas. 

De la tierra, la zona más parca, surgieron otros nuevos centros con centros nuevos. Y esos otros nuevos centros se colmaron de otros centros nuevos que produjeron otros centros diferentes con sus propios centros, tal y como él había previsto el día anterior. Y al ver tantos centros en el interior de los otros centros comprobó que todo su centro estaba en el mismo centro de todos los otros centros. Por lo que colmó su propio centro. 

Y así, con el nacimiento de nuevos centros en su centro propio, fue el tercer día.

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