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SALA DE MÁQUINAS

La Creación (V)

El día quinto.

Dijo Dios: “Pulule en las aguas un hervidero de seres vivientes, y revoloteen las aves por encima de la tierra contra el firmamento del cielo”. Y creó Dios los grandes animales marinos, y todos los seres vivientes que se deslizan y pululan en las aguas, por especies, y todo lo que tiene alas, por especies. Vio Dios que estaba bien. Y los bendijo diciendo: “creced, multiplicaos y llenad las aguas del mar; y multiplíquense también las aves en la tierra”. Y entre tarde y mañana fue el día quinto. (Gen. 1: 20-23).

A la mañana siguiente dios se despertó sobresaltado, sobrecogido, angustiado. Furioso. Porque esa misma noche, la que él mismo había creado, en las tinieblas de la soledad de su yermo pensamiento, tuvo un desventurado sueño. Una extraña pesadilla. Una sobrecogedora visión. Un angustioso frenesí. Una febril ilusión en las sombras de su ficción.

En ese delirio soñó que era un egregio y afamado rey de un inmenso y glorioso tablero, en donde ejercía su dominio y gobierno. Un lugar en el que cualquier proposición se convertía en disposición. Una zona de vigilancia intervenida por un sistema controlado. Un paraíso estructurado y regido bajo el imperio de unas leyes concebidas desde su yo. Un espacio legitimado. Un cosmos bienaventurado. Un universo arbitrado desde su arbitrio. Un juego de un único destino. De una voraz desdicha. De una insólita suerte. De una inminente muerte.

Y viendo cómo su juego estaba gobernado por una sola suerte, no quiso despertar en el sueño de su muerte.

Y dios continuó delirando.

Y en su frenesí pudo percibir otras ilusiones de otros entes. Pudo observar otros padecimientos de otros seres. Pudo advertir otras fatales sombras de otras formas. Y pudo sentir otras ficciones de otras mentes.

Y al percatarse dios de que no estaba solo en ese ergástulo, se sintió aún más atrapado, encarcelado, en la mazmorra de una pesadilla, que ya no era solo suya; porque otros entes, otros seres, otras formas y otras mentes la poblaban. Y como vio que todos soñaban con sus miserias, con sus agravios y sus ofensas, llegó a una conclusión:

- “Es en verdad que en esta ficción todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”.

Y dios continuó soñando.

Triste y abatido por ese delirio en el que se encontraba inmerso, generado desde el inconsciente de su consciente, se acercó al tablero para observar más de cerca su espacio de juego, su creación.

Y en el tablero vio reflejado su pálido su rostro, porque ese lugar, por él antes generado, era una tabla de cristal azogado por su parte posterior. Era un espejo. Un espacio en el que podía observar un modelo de sí mismo. Un centro de autoproyección.

Atemorizado, le sobrevino un misterioso hado. Y desde su gobierno despertó de esa sobrecogedora pesadilla.

Pero después de todo, todo era un sueño. Así que, dios dijo:

-  “Después de todo, todo era nada”.

Y dios continuó jugando.

Y tras cavilar sobre lo acontecido, volvió a arrojar los dados. Y decidió entonces el azar. Por lo que se impuso de nuevo, a tiempo, en el tiempo, el movimiento.

Y dios continuó continuando.

Porque en ese movimiento creó, azaroso, nuevos entes. Nuevos seres. Nuevas formas, para que poblaran el tablero; y lo acompañaran de aquí en adelante.

Y así, entre el frenesí, la ilusión, la sombra y la ficción; y viendo cómo  todo fluctuaba, pululaba, al tiempo en el tiempo, fue el día quinto. 

2 comentarios

Jakob von Gunten -

Dios se vio sometido a sus reglas y la noche del día anterior sintió una sensación antes nunca percibida. Sintió que, cuando la luz del lucero estaba declinando y se alargaban las sombras, él sentía una pesadez de los párpados, una cierta laxitud muscular. Pretendió resistirse pero no pudo.
Cuando despertó sintió la soledad de haber dormido solo, de sólo haber dormido.
No deseaba compañía, lo único que pretendía era crear imágenes de un movimiento apropiado para sus ojos, las lentas nubes y la casi estática circunferencia del sol le conducían a un nerviosismo mayor. Creo las imágenes en movimiento aleatorio, un cierto caos que regulaba y limitaba la vida y la muerte. Un animal se desplazaba ante él y jugaba, la muerte lo alcanzó y vio Dios que eso era bueno, que el azar y el caos se terminan en la muerte que es teoría.

Odradek -

Se asustará Dios de verse en el espejo, no hay duda. Y soñará que su vida es apenas frenesí, maldecirá no se sabe a quién pues a quién va a echar la culpa Dios de ese sueño y de su maldita existencia. Dormir... tal vez soñar. Es bueno que Dios sueñe, se lo tiene merecido. Dicen que si Dios cerrase los ojos un instante, el mundo desaparecería; yo creo que desaparecería si los abriese y viese de frente lo que ha hecho. Sueña el rey que es rey, decís; sueña Dios que es Dios...