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SALA DE MÁQUINAS

La Creación (VII)

El día séptimo. 

Así fueron acabados el cielo y la tierra con todo su ornato. Dio Dios por terminada su obra el día séptimo, y en este día descansó de toda la obra que había hecho. Dios bendijo este día séptimo y lo hizo santo, porque en él había descansado en toda su obra de creación. Tales fueron los orígenes del cielo y la tierra cuando fueron creados. (Gen. 2: 1-4). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y así, descansando, fue el día séptimo.

3 comentarios

Monje barroco -

El descanso se necesita por lo realizado en el séptimo día, no en los otros.
El "horror vacui" surge por lo realizado en los seis días de trabajo, no por el vacío del séptimo.
Tantos días de tanto trabajo para tanta vacuidad.
Dios lamentable y pobre.

Monje barroco -

El descanso se debe a lo realizado el séptimo día.
El "horror vacui" no se produce por el séptimo día, sino por lo pobre de lo realizado los otros seis.
Tanto esfuerzo para tanta vacuidad...
Dios lamentable y pobre.

Monje medieval -

Ese descanso es un descanso iracundo, sin esperanza pero con una espera que dura toda la eternidad. Los hombres, que no pueden alcanzar sino en momentos de tedio ese descanso no pudieron entenderlo, por eso postularon apócrifamente que Dios volvería para juzgarlos a todos.
Pero Dios no volverá, su descanso no es de este mundo. En este mundo el descanso consiste en prepararse para seguir con la tarea: dormimos para trabajar mejor, dejamos al menos un día a la semana sin trabajar para poder rendir más. El descanso es para nosotros una dialéctica del trabajo, de la actividad. De ese modo todo: la noche es la antítesis del día, y el hombre de la mujer, y el niño del adulto.
Pero Dios está fuera de esa lógica, el descansa por descansar.
A los hombres este placer les está raramente reservado y cuando lo alcanzan es temido como el mayor mal. En la Edad Media, señala Giorgio Agamben el peor pecado del monje era la acidia, es decir, el cansancio sin causa, el cansancio general de la vida.
Nosotros, hoy, alcanzamos ese cansancio en algunas tardes de domingo y de lluvia.
La televisión se inventó para disipar ese cansancio, para estar quieto sin pensar en uno mismo.
La literatura es el medio por el que ese cansancio llega hasta nuestras vidas y nos hace ensoñar mundos distintos. Dios no puede permitirlo y por eso creó un mundo en contienda, para que no pudiéramos soñar, para que nuestra única tarea fuera, en todo caso, dormir y descansar.